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Presentamos la vigesimoséptima edición de nuestra revista que lleva por título: “El Bicentenario: logros y desafíos pendientes · Un grito que sigue clamando”. La conmemoración del Bicentenario, en gran parte de los países de la región, es una oportunidad que nos motiva a repensar nuestra historia, nuestro presente y la proyección de futuro. A lo largo de 200 años, se han producido importantes transformaciones en el ámbito político, económico y social. La democracia se ha ido consolidando, acompañada de un crecimiento cuantitativo de las intervenciones públicas a partir de un conjunto heterogéneo de planes, programas y proyectos. Sin embargo, dicho proceso se ha visto opacado por las persistentes desigualdades que aún subsisten en la región. Creemos que estas fechas nos proveen el marco adecuado para reflexionar sobre el contenido social de la democracia, la construcción de una patria inclusiva para todos -sustentada en los valores de la libertad y la independencia-, invitándonos a repensar el concepto de desarrollo como plan estratégico a largo plazo.

En el “Programa de Prevención para una Mejor Calidad de Vida”, a partir de la propuesta de participar de un espacio para jóvenes y niños de distintos sectores de la Villa 21-24, que se desarrolló en una de sus organizaciones comunitarias (el comedor El Alfarero), se conformó un grupo que se autodenominó “Dale que va”. Este nombre, cargado de energía, de invitación y mucho entusiasmo, emergió como parte de un proceso que podemos llamar de creación colectiva, entendiendo como tal a “un proceso complejo que se da en un colectivo cuyo objetivo es la creación conjunta de una obra artística”.

En el marco del Programa de Prevención para una Mejor Calidad de Vida, compartimos algunas reflexiones de la Licenciada Carolina Wajnerman -integrante del Equipo de Prevención Social de las Adicciones del Gobierno de la CABA- que creemos interesantes respecto de nuestro trabajo en la Villa 21-24.

En todo proceso de creación colectiva, encontramos que la dimensión artística y la grupal van de la mano. En el proceso de Dale que Va en conjunto con facilitadoras del Observatorio Social, se puede visualizar claramente cómo la dimensión de la producción de una obra artística se conjuga con la de la conformación de lo grupal.
El quehacer artístico promueve el despliegue y expresión de una pluralidad de sentidos en toda su dimensión simbólica, a la vez que permite unir lo múltiple, lo heterogéneo, lo diverso, en una acción. Es así como la creación artística puede constituirse en un primer ejercicio de transformación del mundo.
El arte tiene características específicas que contribuyen al proceso de conformación de un grupo, sobre todo cuando nos referimos a acciones de creación colectiva como las desarrolladas por Dale que Va. En la realización del mural, por ejemplo, se incluyen una serie de toma de decisiones que van desde la elección de realizar un mural y de las imágenes a plasmar, hasta las formas organizativas que serán necesarias para realizar la tarea. Asimismo, a medida que la realización de la obra avanza, se producen modificaciones en los vínculos y los roles, y se refuerzan los lazos que unen a los miembros del grupo. Es por este motivo que la realización de una obra artística de calidad no es menor, ya que representa el producto de la tarea grupal. En el mural de este grupo de niñas, niños y adolescentes, esto queda plasmado tanto en la satisfacción expresada por los integrantes del grupo ante la producción propia como en las imágenes que podemos apreciar en el mural.
Finalmente, cabe destacar que no es menor la importancia de la dimensión comunitaria de este tipo de procesos de creación colectiva: en el momento de exhibición de la obra (inauguración del mural en este caso), la creación artística cobra un valor adicional, dado por los efectos que la misma tiene para el barrio. Estos efectos implican no solamente el embellecimiento de una pared, sino también la demostración de lo que los niños, niñas y adolescentes de esta comunidad son capaces de hacer: las potencialidades se ponen en acción. De esta manera, el mural como producto circula en el ámbito comunitario, muestra otra de las caras del barrio y así resignifica sentidos, despliega mundos que son posibles e invita a continuar participando de espacios en los cuales sus integrantes pueden ser protagonistas de los cambios.

El conjunto de organizaciones sociales abajo firmantes adhieren a la “Carta del Bicentenario”:

En el marco del Programa por una mejor calidad de vida Celia Marder, consultora de Observatorio Social brinda algunas reflexiones del trabajo con jóvenes y niños en el barrio.

¿Qué pasa en “El Alfarero” los sábados, que jóvenes y niños quieren volver?
¿Qué pasa en “El Alfarero” los sábados, que los adultos que trabajamos con ellos queremos volver, y nos entusiasmamos con ese contacto?

Algunas ideas para compartir; ninguna es novedosa, todas implican un trabajo que toma en cuenta el análisis de la complejidad y su articulación con la singularidad:

Escuchar


Actitud inclusiva y no inclusión por decreto

Recibir siempre con un beso y una sonrisa, haciendo sentir al otro que es una persona y que estamos disponibles.
En primer lugar partimos de una actitud inclusiva, no importa quién viene, cuántos son, cómo vienen, siempre hay un lugar… No importa si son niñ@s o jóvenes, a nadie se le dice que no. Ya ha habido demasiados “noes” para estos niños y jóvenes, han quedado fuera de muchos lugares…
Tenemos una convicción –sustentada ideológicamente- que se traduce en la práctica en una actitud de confianza en las posibilidades y potencialidades de los niños y de los jóvenes. Esta convicción, que tenemos como equipo, estimula los aprendizajes de los grupos, sus iniciativas, su participación y su compromiso.
Evidenciar la confianza que nosotros sentimos genuinamente en ellos y en sus potencialidades, intentar promover su propia autoconfianza.
Así, muy lentamente, comienzan a tolerar las frustraciones que provoca un dibujo que no sale como esperaban, letras que se resisten a ser transformadas en palabras, esperar a que un compañero termine para poder hablar… Pero no sólo esperar a que termine, sino escucharlo durante esa espera.
Emilia Ferreiro decía que “los niños no necesitan ser motivados para aprender, aprender es su oficio”.

La construcción de la autonomía versus la “colonización” de niños y jóvenes por parte de los adultos

Es -en entre otras causas- por encontrar esta confianza en ellos, que los niñ@s o jóvenes pueden aceptar los límites y las prohibiciones que los facilitadores les formulan.
Es interesante analizar cómo se convierte la autoridad del facilitador en una autoridad legitimada por el propio grupo.
Esto se produce, inicialmente, a partir del vínculo construido con ellos, en un contexto de reconocimiento mutuo y de reciprocidad. Todo límite así formulado no es vivido como de oposición y frustración de sus deseos, sino de protección y cuidado, ya que conocen su significado.
Esta modalidad de trabajo es la que en forma continua y en el largo plazo produce la posibilidad de discernir, elegir, y promueve la autonomía.

Imagino con palabras y escribo con imágenes


En un comienzo, cuando terminaba nuestro trabajo los sábados, las charlas caminando por Zepita que se continuaban en el colectivo 37, apuntaban a pensar la forma de plantear el encuadre de trabajo y sus límites para promover el desarrollo de los niñ@s y jóvenes en el grupo, que nos sorprendían encuentro a encuentro con su respeto y cuidado por el espacio; nunca hubo problemas de trasgresión a lo acordado.

Creemos que es el conocimiento del sentido del límite lo que permite una buena tolerancia frente a la frustración y lo que aumenta la confianza de ser cuidado por los adultos que lo formulan.

Pero primero lo primero, la construcción del vínculo

El filósofo Martín Buber decía que un buen maestro (en este caso facilitador…) “debe ser un hombre de existencia real, los alumnos deben sentir su presencia; educa por contacto”. El contacto es una palabra clave en educación.
También lo es el diálogo, entendiéndolo desde su etimología como el encuentro de dos lógicas. La escucha en ese diálogo es una escucha profunda que advierte matices, emociones, llamados silenciosos. A veces los niños y los jóvenes se ven inundados por sentimientos de desesperanza; encontrar a alguien que pueda escucharlos y sentir su empatía, les produce una sensación de profundo alivio.
Escuchar sin juzgar, sin anticipar, sin prejuzgar, sin diagnosticar, sin evaluar. Simplemente escuchar y esclarecer, escuchar y responder, escuchar y estar presentes, escuchar y pensar.

Diseñando las propuestas

Si bien tenemos una propuesta que responde a un plan -que es consensuado con los grupos- y tenemos una línea de contenidos a desarrollar a través de distintas experiencias surgidas a partir del análisis del entorno, de nuestros propios objetivos, de los mismos niñ@s y jóvenes y de los “secretos” aparecidos en el buzón, estamos totalmente abiertos a lo que acontezca en el grupo y en el barrio, con una atención flotante, que permite incluir temores, expectativas, otras ideas, otras propuestas, intereses individuales y emergentes grupales.
Escuchar, descifrar, intentar comprender, ir más allá de lo que dicen con las palabras… Estar atentos para percibir lo que no se dice pero sobrevuela como un fantasma en el grupo: alguna pelea previa, alguna tristeza en la familia, un amor, un desengaño, problemas con los padres, preocupaciones con la escuela, dudas sobre el futuro, emociones que no han tenido oportunidad de ser puestas en palabras…
A pesar de esto -y con todo esto- armamos el rompecabezas en donde el eje organizador es el proyecto. El mural fue el primero, el próximo… Shhh!! Por ahora es un secreto.
En el próximo post, hablaremos de otros conceptos desde los que trabajamos, la conformación grupal, el juego y el trabajo de introspección.

Programa de Prevención para una Mejor Calidad de Vida · Villa 21/24


En el marco del “Programa de Prevención para una Mejor Calidad de Vida”, se trabajó durante cinco meses junto a un grupo de jóvenes y niñ@s en el comedor “El alfarero” en la villa 21/24.
Celia Marder, una de nuestras consultoras, reflexiona sobre el trabajo desarrollado, la repercusión de la experiencia entre las familias del barrio y sobre el proceso de elaboración del Mural, producto del proceso de trabajo, cuya inauguración tuvo lugar el pasado sábado 27 de marzo:

El mural fue la excusa…. para trabajar desde noviembre hasta marzo con un grupo de 35 jóvenes y niñ@s en el comedor “El alfarero” en la villa 21/24.
El mural fue la excusa para descubrir en este grupo -que iba desde los 5 hasta los 20 años- sus potencialidades y posibilidades, sus deseos y sus ganas, sus risas y sus preocupaciones, sus reflexiones y sus secretos.
Posibilitó confirmar que los niños y los jóvenes se motivan y comprometen cuando hay una propuesta que los interpela como protagonistas.

La pared antes

Que pueden tomar decisiones consensuadamente cuando tienen la oportunidad de hacerlo. Que pueden proyectarse con un sueño, cuando se construye un vínculo de confianza y estabilidad. Que pueden desarticular las situaciones de violencia, cuando el espacio les brinda la posibilidad de hacerlo.
Comenzamos con poquitos en un sábado de lluvia.
El ruido de la lluvia en el techo de chapa del comedor de Lucy nos hacía creer que el cielo se venía abajo, allí en Barracas.
Estaba todo el equipo del proyecto, solo faltaban los jóvenes…
Comenzaron a venir con sus familias, con sus hijit@s, sus hermanas, sus hermanos, eran pocos. Hoy ya suman cincuenta.
Entre juegos, charlas, risas, juegos, mate, preparar comida, risas, juegos, propuestas, dibujos, experiencias, escritura, y más juegos, diálogos individuales y conversaciones grupales, fuimos armando un grupo… raro, ya que trabajábamos todos juntos, los de cinco con los de 20. Fuimos sorteando esta dificultad con creatividad e inteligencia, sintiendo que nadie puede quedar afuera, convencidos que nadie debe quedar afuera.
Este grupo poco convencional pudo ponerse un nombre, “Dale que va!!!”, votado por todos y consensuado democráticamente entre distintas propuestas que fueron surgiendo.
Diseñaron su bandera con esténciles y pintura, escribieron sus nombres y dejaron sus huellas.
Escribieron sus historias en sus cuadernos personales, en una modalidad que no es común en ellos, la expresión escrita.

Contaron sus preocupaciones y pensamientos en un “buzón” y luego decidieron mostrarse como grupo en una producción colectiva: “el mural de Dale que va!!!”.
Cuando comenzaron a aparecer temas que era pertinente que fueran hablados de acuerdo a las necesidades e inquietudes de los participantes, los dividimos en dos grupos, el de los más pequen@s y el de los más grandes.

Antes del mural


De todos modos, siguieron compartiendo de acuerdo a las posibilidades el espacio colectivo.
El mural fue la excusa para darse cuenta de que se puede proyectar y lograr un resultado.
Que la satisfacción que produce lograr nuestros objetivos implica un tiempo, un esfuerzo, un ida y vuelta, frustraciones, tristezas, pero que se puede llegar a la meta y llegar a la meta trae alegría y felicidad, saber que se puede, saber que uno puede, y que uno puede con otros.
El sábado 27 descubrimos frente al barrio, en una gran fiesta en la calle, el mural. Fue una verdadera fiesta, en la que bailamos con la murga, cantamos con Karavana y vimos todo lo que pueden los chicos si solo tienen una oportunidad.
Nos ayudó mucho, para que todo esto pueda ocurrir, la gente del comedor: Lucy, Andrés, Bety y Lucrecia. También la gente que confió en el OS para que todo su equipo pudiera concretar este sueño. Y los chicos de quienes aprendimos cada sábado en el barrio, ya que solo escuchando y viendo pudimos comprender sus necesidades y deseos. Porque entendemos la escucha como “verbo activo que interpreta dando significado al mensaje y valor a quien lo porta” como diría Carla Rinaldi.
Para finalizar este pequeño relato de un viaje compartido, quiero tomar una pregunta de uno de los jóvenes, frente a la que pudimos darnos cuenta que estábamos comenzando a lograr nuestros propios objetivos como equipo de trabajo: “y si aparecen pintadas en el mural, qué hacemos?” y la respuesta de otro fue: “pintamos todo de nuevo”. El mural fue la excusa para que todo esto pudiera acontecer.

El mural en proceso


Celia Marder, Consultora del Observatorio Social

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